Al estilo Sherlock Holmes

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imagensherlockEl nombre de Arthur Conan Doyle tal vez solo sea conocido por los lectores de sus novelas, en las cuales el detective Sherlock Holmes es el personaje central.
Muy pocos saben que Doyle empezaba sus novelas por el final. Imaginaba el final y a partir de allí construía la trama hasta llegar al principio. Es por ese motivo que al leerlas, el hilo conducente no se diluye sino que lleva inexorablemente a un final en el cual todos los cabos sueltos terminan cerrando a la perfección.
Hasta aquí mis comentarios literarios. Vayamos a cómo se relaciona Doyle con los temas que habitualmente nos preocupan.
Vemos a diario que lo que le falta a la política económica argentina es el enunciado formal de un final. No cualquier final, sino uno compatible con el potencial de los recursos disponibles y con el bienestar general puesto por encima de intereses sectoriales o partidarios. Un final sobre el que exista consenso.
A partir de allí se podrían, al estilo Sherlock Holmes, diseñar todos los pasos requeridos para que ese final sea posible.
Por ejemplo, si apuntamos en materia ganadera a un objetivo de una producción que permita duplicar las exportaciones sin dejar de lado el abastecimiento del mercado interno, entonces, yendo al revés de la trama, surgirán todos los temas encadenados que deberán resolverse, hasta llegar a las definiciones de cómo se forman los precios, porque sin precios no habrá inversiones y sin inversiones no habrá objetivo posible que pueda alcanzarse.
Si por el contrario, tal como se hace habitualmente, se formulan una serie de medidas inconexas tales como líneas de crédito para retención de vientres, subsidios para pequeños productores, subsidios para el consumo de maíz financiados con mayores retenciones a la soja, difícilmente la producción se encamine al objetivo planteado.
Si el objetivo es duplicar las exportaciones, entonces habrá que dar determinados pasos, que son muy distintos a los que surgen de un objetivo de que el impacto de la carne en el Índice de precios al consumidor sea el menor posible, a cualquier costo.
Lo mismo vale para la agricultura. Si apuntamos a un objetivo de producción de 115 millones de toneladas en 2015, prestemos atención a los cuellos de botella que puedan generarse en la infraestructura de transportes y almacenamiento. Si solamente confiamos en que el buen momento de los mercados internacionales será para siempre o que el clima siempre nos dará una mano, no nos sorprendamos luego de que la novela no termine como habíamos pensado.
A nivel macro, la actual crisis energética era totalmente previsible. Es consecuencia directa del mayor nivel de actividad de la economía argentina y de inversiones que no se realizaron en los últimos años. Con precios pisados para el gas, la electricidad y el petróleo, dichas inversiones fueron postergadas porque nadie invierte para perder y sin tener un horizonte medianamente despejado. “Elemental, Watson”, diría Sherlock Holmes.
La actual política previsional, que promueve la vuelta al sistema de reparto es otro de los temas en los cuales, si empezáramos por el final, sabríamos qué hacer al principio.
Hacia mediados de la década de los ’90 se instrumentó la jubilación privada, un sistema que pese a sus imperfecciones y al bache financiero que significaba para las finanzas públicas (porque los aportes se capitalizaban en lugar de gastarse), resolvía problemas a futuro. Estábamos en el camino de la solución a un tema que ni en Estados Unidos ni en Europa está resuelto, dado que el sistema de reparto no está preparado para una población más longeva y a una relación entre trabajadores activos y pasivos más estrecha. Frente a un déficit creciente del sistema previsional de reparto la solución es el sistema de capitalización.
Pero vamos a contramano, promoviendo la vuelta al sistema de reparto, con el riesgo adicional de que los aportes jubilatorios se gasten en lugar de conformar un capital con el cual afrontar en el futuro la deuda que el Estado tendrá con los aportantes actuales. ¿Nuevamente crisis y licuación de deuda previsional? Cuando esto suceda, resonará nuevamente el “Elemental, Watson” de Sherlock Holmes.
Muchos son los temas en los cuales habría que empezar por definir el final, para luego trazar el camino para llegar al mismo. Esto es válido para el manejo de cuestiones personales, comerciales o para el manejo del Estado. Para que no estemos permanentemente transitando una novela con final incierto, la fórmula de Doyle es para tomar en cuenta.

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Sobre el autor

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Director de Márgenes Agropecuarios desde 1985. Consultor de empresas en temas económico-financieros y en evaluación de proyectos. Asesor de inversiones en campos y en evaluación de arrendamientos. Es Lic. en Administración de Empresas (UBA) y en Administración Agraria (UADE).

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